Se encontraba horrorizado viendo las noticias en la televisión, un cúmulo de recuerdos y la silueta de aquel hombre con un lanzallamas más los gritos a lo lejos que denotaban un dolor atosigado, lo sumían en un recíproco momento de infinito terror. La noticia: cuatro hombres fueron encontrados calcinados en la antigua fábrica de terminly.
Día anterior:
Caminaba por entre las baldosas y el pavimento de las calles que adornan la ciudad, pensando en cómo decirles a sus padres que había perdido cuatro materias en el colegio, deambulando en sus pensamientos cuan taciturna era su mente reiterativa.
Plasmó cada pensamiento en fuentes y sonetos ecuánimes que luego les recitaría a sus padres a modo de disculpa.
La noche llego y no había medido la distancia entre su cobarde actuar y lo mucho que había caminado. Al darse cuenta de todo el camino recorrido hasta el otro extremo de la ciudad a más de una hora de su casa, absorto en sus ideas, sumido en un mundo de pleitesía, negó ante su sombra su único acompañante nocturno, la idea de llegar a casa a esa hora. Echo una mirada a su alrededor, tratando de hallar una posibilidad para resguardarse, pero la soledad prevalecía por su facto horario, así que, al ver que estaba cerca de la antigua fábrica de Terminly, abandonada hace más de dos décadas y en donde solía funcionar grandes metalurgias, y calderos donde se fundían metales, decidió que en ese sitio pasaría la noche.
Al lograr entrar, la suciedad y el abandono presentaban el sitio en un amalgamado conjunto de extensiones de pisos y largos pasajes. Recorrió un poco el lugar alumbrado por la poca luz de la luna que se colaba por entre las viejas ventanas que lo adornaban. Encontró una vieja llave de la cual aún brotaba un poco de agua, estaba exhausto, fue un día donde camino tanto que había olvidado comer algo en el camino, se acercó a la llave y bebió tanta que quedo a gusto, aunque extrañaba comer algo como lo que su mama le preparaba, era una manera un tanto extraña la de recordarla, pero lo hacía con avidez y con un grado de amor que solo una madre podía infundir.
Luego busco un sitio más o menos limpio, junto unas tablas viejas y sucias y encontró un poco de periódico, no era la mejor cama del mundo, pero algo es algo, pensó él mientras se acomodaba.
Entrecerraba los ojos, pero el miedo consecuente de no saber que si algo entre las sombras vendría o si solo era un manojo de nervios producto de lo que estaba pensado en hacerle su padre —más que nada— por no llegar a casa en todo el día, no lo dejaba conciliar un poco el sueño. Así estuvo por casi una hora, hasta que el soponcio de una mente cansada lo venció y sumergió en un letargo inmiscuido. Empero, de no haber sido por la ingesta de agua tan desbordada, el sueño hubiese podido trascender al algo más apacible, o quizás fue ese hecho lo que lo salvo de algo más.
Las ganas de orinar hicieron que se levantará y buscara un sitio para alivianar dicho acto. Absorto por escuchar el sonido del chorro golpetear contra el suelo, hizo de ese momento algo ameno, se escuchaba a lo lejos el cantar del viento y unas cuantas polillas dibujar en el cielo nocturno figuras aleatorias que completaban el momento, ¿Cómo estarán mis padres? Pensó nuevamente, hasta que el fuerte sonido de una ráfaga de fuego le hizo desviar la atención sumida que lo contenía en aquel momento. ¿Qué era eso? Se preguntó, la curiosidad lo llevo a indagar y avanzar unos cuantos pasos hasta llegar a una habitación continúa a donde él se estaba quedando y ahí, en el medio de esta, una figura de un hombre que según sus cálculos media más de cinco metros de altura, una abominación horrida que con tan solo su sombra, el miedo recaía en atiburradas sensaciones de dolor y un miedo atenuante; llevaba puesto una gabardina negra y su rostro estaba cubierto por una máscara de gas, en su espalda un lanzallamas gigante infundía más aun el temor de una muerte horripilante. Frente a él un par de hombres que pedían piedad, las suplicas oídas por Dios fueron ignoradas por este ser que no distinguió el dolor de la crueldad y acciono el lanzallamas incinerándolos, haciendo que se retorcieran del dolor en medio de gritos deshumanizados que retumbaron por toda la estructura.
El hombre se dio cuenta que detrás de esa puerta estaba él, con tan solo el gesto de girar su cabeza hacia donde estaba, le dio a entender el peligro que corría, pero se encontraba inmerso en un inamovible actuar, salvo el hecho de un gesto inarticulado que denotaba un miedo atrófico, el cual le recorrió por toda la medula hasta su mente e hizo que saliera de aquel trance. Este solo logra pensar en una sola cosa, correr lo que más pueda y salir de allí, dejando atrás los gritos diezmados de aquellos pobres hombres, dejando atrás una masacre o tan solo un vil acto de reverencia hacia el diablo.
Logrando huir del lugar se dio cuenta de la abominación indómita que había visto, algo nunca imaginado ni presenciado por nada ni nadie salvo él y los hombres que perecieron producto de la maldad que dominaba a aquel hombre. Su corazón palpitaba al ritmo de una batería de esas que suena en la música rock sin control, ya saben, de ese rock que es más pesado; avanzó un par de cuadras hasta que hallo una cabina telefonía, junto las pocas monedas que aún conservaba y llamo a su casa.
No tardaron mucho sus padres en llegar y luego de una pequeña discusión, se subió al carro atemorizado por la imagen que lo perseguía en pequeños reflejos, el hombre alto con un lanzallamas, prospecto de asesino serial que lo acecho toda la noche en sus pesadillas.
A la mañana siguiente frente a la mirada interrogante de sus padres, les contó todo, pero estos no le creyeron, lo tildaron de mentiroso y lo castigaron a permanecer encerrado en su cuarto hasta nuevo aviso, por supuesto esto fue un acto que termino por desilusionarlo, alojándolo en los recuerdos circunspectos que veía ir y venir en medio de su insoluble temor.
Ante la incrédula y cuestionable conducta de sus padres, prefirió tomar su plato del desayuno y sentarse frente al televisor tratando de evocar una distracción que lo ayudara a olvidar todo, pero algo ocurre al momento de encender el televisor y es allí, donde ve la noticia que lo deja horrorizado. ¿Entonces si lo había visto? ¿Todo es verdad lo que viví anoche? Pero ¿Por qué cuestiono mi cordura?, se dijo así mismo en una serie de preguntas que se repetía una y otra vez mientras en su mente trataba de idealizar esa figura y creer que solo se trataba de una pareidolia o una simple horrible pesadilla. Pero no, habían encontrado cuatro hombres totalmente calcinados en la antigua fábrica de Terminly, se levantó de su asiento y negó con su cabeza como si estuviese aquel hombre allí con él, sus padres preguntaron qué sucedía, pero la negativa era su mejor respuesta. Se encerró en su cuarto y la imaginación tomo la forma de aquel hombre alto con el lanzallamas, le aterrorizaba recordar todo, incluso, varias noches, muchos momentos en muchas horas cuando el sueño lo abordaba, aquel hombre alto lo acechaba, lo perseguía y luego después de tanto huir lo miraba directo a sus ojos e intentaba decirle algo en un idioma perdido o una lengua que no entendía (ferit under restirt) «la muerte te llegará donde estés» luego se despertaba, con un cierto resquemor y un miedo superfluo, un miedo que lo acompañaría por muchas noches más, fueron tantas que en una de ellas, camino hasta a la antigua fábrica, trepo hasta el techo y vio aquel hombre alto con el gran lanzallamas en su espalda que lo observaba a lo lejos, con una actitud enaltecida y sombría, de la cual se podía sentir la maldad y una empatía desconocida. Aquel hombre estaba allí, inamovible, sosteniendo su lanzallamas, observándolo atentamente, hasta que dio un giro y la historia de aquel joven, escrita en el pasado, presente, y en estas palabras, termino rodeado de fuego y la sombra de un ser que lo observaba ominoso desde la lúgubre penumbra de un lugar abandonado y de un recuerdo enajenado.
El hombre de Terminly, indudablemente, apago su vida para siempre.
AUTOR: JULIÁN ANDRÉS DELGADO (COLOMBIA)
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Julian Andres Delgado, nacido el 12 de febrero de 1985, en la ciudad de Santiago de Cali – Colombia. Su pasión por la escritura nace hace ya muchos años, su primer escrito es una novela corta que se titula “LOS GRITOS EN LA ANTIGUA COLINA”. Ha sido seleccionado por ITA EDITORIAL para ser parte de dos antologías, una de terror con su relato “LA ULTIMA VOZ EN EL MUNDO” Y la otra con temática dolor con su relato “EMMA”. También fue seleccionado entre 1.500 escritores en la convocatoria anual del año 2023 para escritores independientes ocupando el puesto 50 con su novela de ficción-terror llamada “3145 LA UNION DE DOS CLANES” y ha hecho parte de la convocatoria temática terror del año 2023 para editorial Mítico con dos relatos titulados “LA SOMBRA Y LA COSA DEL AGUA”. Mi relato “EL HOMBRE DE TERMINLY” fue publicado en la 1ª edición de la revista PALADIN, EDICION INQUISIDOR.